Los generadores de código dan un salto inicial, pero los proyectos reales requieren humano + IA para llegar al 100%


Abres Lovable, Cursor o Replit, describes la
idea en unas pocas líneas y, en minutos, ves una pantalla funcionando. Parece magia. Parece que “ahora sí”.
Pero cuando se pasa la emoción, llega la parte que nadie muestra en el video de demo: integrar con sistemas legados,
lidiar con reglas de negocio que cambian, cerrar brechas de seguridad, validar datos reales, añadir observabilidade,
escribir pruebas, preparar un despliegue y resolver el clásico “solo falla cuando el cliente X hace Y”.
Y ahí nace la trampa.
No porque estas herramientas sean malas. Al
contrario: son excelentes para arrancar, prototipar, acelerar el boilerplate (código repetitivo), sugerir caminos
y acortar la distancia entre una idea y una primera versión. El problema es que el marketing suele vender un sueño
implícito: “si puedes hacer el 10%, puedes hacer el 100%”. En la práctica, muchas personas llegan
a un punto en el que ya no logran avanzar solas.
Qué significa el “60%”
(y por qué ese número es simbólico)
El “60%” de este artículo
no es un número científico grabado en piedra. Representa una barrera típica: el momento en que la productividad
con IA deja de crecer y empieza a caer, porque el proyecto entra en la zona de la complejidad real.
Y la investigación ayuda a entender por
qué ese número funciona como metáfora. En un experimento controlado con GitHub Copilot [1], las personas
con acceso a la herramienta completaron una tarea de programación un 55,8% más rápido que el grupo sin
IA, algo que suele citarse como una gran ganancia de productividad.
Pero ese tipo de ganancia aparece con más
fuerza en tareas bien definidas, con contexto limitado y con un inicio, medio y final claros. Cuando pasas de un “desafío
de laboratorio” a “trabajar en tu repositorio grande, lleno de dependencias y decisiones históricas”,
el panorama cambia: un estudio de METR [2] con desarrolladores experimentados en tareas reales de proyectos de código
abierto encontró que, con herramientas de IA, tardaron un 19% más en terminar el trabajo.
En otras palabras: la IA puede acelerar mucho
el inicio, pero no garantiza cruzar el tramo final. Y ese tramo final es exactamente lo que suele separar un prototipo de
un producto.
Por qué la productividad cae después
de la mitad del camino
Al principio, la IA brilla porque el problema
todavía está “limpio”: crear una pantalla, montar un CRUD, conectar un endpoint (una dirección
de API), generar componentes, sugerir estructura, bosquejar una API. El contexto aún cabe en la cabeza, y muchas veces
incluso cabe en la ventana de contexto de la herramienta.
Pero, a medida que el producto crece, aparecen
capas que van más allá de escribir código.
Las reglas de negocio dejan de caber en un prompt.
La excepción se vuelve regla. El flujo de alta se convierte en antifraude, conciliación, trazas de auditoría.
El “login simple” se convierte en SSO, MFA, control de sesión, logs, bloqueo por comportamiento. “La
base funciona” se convierte en migración, rendimiento, concurrencia, trazabilidad. “Desplegar es solo subir”
se convierte en un pipeline (una secuencia de etapas), rollback (volver a una versión anterior), feature
flags (interruptores de funcionalidades), observabilidade y costos.
En ese punto, la IA empieza a equivocarse de
una forma peligrosa: suena segura, pero no entiende las restricciones invisibles de tu negocio y de tu ecosistema. Pierdes
tiempo aportando contexto, corrigiendo suposiciones, revisando código, reexplicando lo que ya se dijo. La herramienta
sigue ayudando, pero la sensación de “piloto automático” desaparece. Y quien no es programador tiende
a quedarse atascado, porque le falta el repertorio para diagnosticar qué se está rompiendo y decidir el siguiente
paso.
Ahí nacen los proyectos “atascados
en 40%, 50%, 60%”. Existen, corren, parecen cerca del final… pero el final nunca llega.
La trampa no es usar IA. Es asumir que la
IA reemplaza el sénior
Quizá la idea más difícil
de aceptar es esta: hoy, la forma más segura de usar generadores de código no es “dejar que la herramienta
haga”. Es dejar que la herramienta acelere a un profesional que sabe lo que está haciendo.
Cuando la complejidad sube, el cuello de botella
pasa a ser la toma de decisiones. Y tomar decisiones exige experiencia.
Un profesional sénior ve arquitectura,
riesgos, deuda técnica, patrones de integración, seguridad, testabilidad y operabilidad. Usa Lovable, Cursor,
Replit (y lo que tenga sentido) como multiplicadores: para programar más rápido, explorar alternativas, validar
hipótesis y reducir trabajo mecánico. Pero no subcontrata el entendimiento. Él o ella dirige el camino.
Eso explica por qué la misma herramienta
puede parecer un milagro en un proyecto y una frustración en otro. El diferencial no es solo la IA. Es la combinación
humano + IA.
Cómo desbloquear la barrera del 60%
en la práctica
Desbloquear no es “escribir más
prompts”. Es aplicar ingeniería.
Es mapear requisitos y casos límite,
cerrar reglas de negocio, diseñar una arquitectura coherente con el futuro del producto, garantizar seguridad y cumplimiento,
implementar pruebas que den confianza para evolucionar, preparar despliegues con trazabilidad y rollback, medir rendimiento
y costo, e integrar con sistemas existentes sin romper lo que ya funciona.
La IA ayuda en cada uno de esos puntos, pero
no “cierra” el proyecto por sí sola. Quien lo cierra es gente sénior, con método, usando
la IA como acelerador.
¿Quieres salir del 60%? Visionnaire
sabe cómo desbloquearlo
Visionnaire es una Fábrica de Software
e IA con 30 años de experiencia. Eso significa dos cosas importantes para ti si tu proyecto está atascado en
el “casi listo”.
Primero: no compramos la narrativa de que “la
IA va a matar a las empresas de software”. La realidad es más simple y más útil: la IA está
cambiando cómo se construye el software, y quien combina herramientas modernas con ingeniería sólida
entrega más rápido y con mayor calidad.
Segundo: tampoco vendemos la idea de que “es
solo IA”. No lo es. Para cruzar la barrera del 60%, el humano en la ecuación tiene que ser sénior, y tiene
que trabajar con proceso, arquitectura y responsabilidad de producción.
En la práctica, Visionnaire toma lo que
ya se construyó con herramientas como Lovable, Cursor y Replit, entiende qué falta, organiza el camino y termina.
Transformamos prototipos en productos, MVPs en operación, “funciona aquí” en “funciona a escala”.
Si sientes que tu solución está
atascada en 40%, 50% o 60%, quizá no necesites empezar de cero. Necesitas desbloquear, y no tienes que hacerlo solo.
¿Quieres salir del 60%? Hable con nosotros.
[1] The Impact of AI on Developer Productivity: Evidence from GitHub Copilot