Entre la automatización, las nuevas funciones y la presión sobre quienes comienzan, el futuro del trabajo estará definido por la adaptación

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“¿La Inteligencia Artificial va a quitarme el empleo?” Pocas preguntas resumen tan bien la mezcla de entusiasmo y preocupación que acompaña la evolución actual de la tecnología. A medida que las herramientas de IA empiezan a escribir textos, analizar documentos, generar imágenes, programar sistemas, atender clientes y ejecutar procesos completos, es natural preguntarse hasta dónde puede llegar esta transformación. 

Sin embargo, la respuesta difícilmente cabe en un simple “sí” o “no”. Algunos empleos probablemente desaparecerán. Otros se transformarán profundamente. Surgirán nuevas funciones. Y el impacto será muy diferente según la profesión, el sector, la empresa, el nivel de experiencia y, sobre todo, el tipo de actividad que desempeñe cada profesional. 

Por lo tanto, quizá la pregunta más útil no sea solamente si la IA va a quitar empleos. La cuestión es: ¿qué tipos de trabajo se están volviendo más valiosos y cuáles son cada vez más fáciles de automatizar? 

Las primeras señales ya han comenzado a aparecer 

La preocupación no existe únicamente en el terreno de las previsiones. Una actualización publicada en agosto de 2026 por el Stanford Digital Economy Lab analizó datos de nómina de millones de trabajadores estadounidenses y encontró un fenómeno relevante. Entre profesionales de 22 a 25 años en ocupaciones altamente expuestas a la IA, el nivel de empleo se situaba aproximadamente un 19 % por debajo de lo que habría sido si hubiera seguido la evolución de los jóvenes en profesiones menos expuestas. El efecto apareció principalmente en la reducción de las contrataciones, y no en una ola de despidos. Los propios investigadores, sin embargo, advierten que los datos son señales descriptivas y todavía no demuestran que la IA sea la única causa de esa diferencia. 

Esta salvedad es fundamental. Los tipos de interés, la desaceleración económica, los cambios posteriores a la pandemia, las estrategias empresariales y otros factores también influyen en el mercado laboral. Aun así, el patrón merece atención: los efectos parecen ser más fuertes precisamente en funciones en las que la IA puede sustituir tareas, mientras que las ocupaciones en las que funciona como complemento del trabajador presentan resultados más favorables. 

Una encuesta global a CEOs citada por Gizmodo apunta en la misma dirección. La proporción de ejecutivos que afirmaron tener la intención de reducir puestos junior en los próximos años llegó al 43 %, mientras aumentó la preferencia por profesionales de nivel intermedio. Curiosamente, la propia encuesta muestra que las empresas más avanzadas en la adopción de IA no siempre siguen esta lógica: algunas han comenzado a considerar más valiosos a los profesionales que están iniciando su carrera cuando logran utilizar la tecnología de manera productiva. Es decir, incluso entre las empresas que apuestan fuertemente por la IA existen estrategias diferentes. 

Los puestos pueden desaparecer sin que desaparezca el empleo 

Es importante separar dos ideas que con frecuencia aparecen mezcladas en este debate. Una tecnología puede eliminar determinadas ocupaciones sin provocar necesariamente una reducción permanente del número total de empleos. Así ocurrió en diversas transformaciones tecnológicas anteriores. Las máquinas eliminaron actividades manuales, las computadoras redujeron innumerables tareas administrativas e Internet volvió obsoletos algunos modelos de negocio al mismo tiempo que creó mercados completamente nuevos. La IA puede repetir este movimiento, aunque con una velocidad y una escala potencialmente mayores. 

La Organización Internacional del Trabajo estima que aproximadamente uno de cada cuatro trabajadores en el mundo se encuentra en una ocupación con algún grado de exposición a la IA generativa. Aun así, la conclusión del estudio es más moderada de lo que sugieren muchos titulares alarmistas: en la mayoría de los casos, la tendencia es hacia la transformación de las funciones, y no hacia la sustitución completa de los trabajadores. 

El Future of Jobs Report 2025, del World Economic Forum, presenta otra perspectiva de esta aparente contradicción. Al considerar diferentes transformaciones económicas y tecnológicas, el informe estima la creación de 170 millones de empleos y el desplazamiento de 92 millones hasta 2030, lo que daría como resultado un saldo positivo de 78 millones de puestos. Cuando el análisis considera específicamente la IA y el procesamiento de la información, la previsión es de aproximadamente 11 millones de empleos creados y 9 millones desplazados. 

Esto no significa que quien pierda una función vaya a encontrar automáticamente una de las nuevas. Esa es precisamente una de las mayores dificultades de la transición. Los empleos creados pueden exigir otras competencias, estar en otros sectores o surgir en lugares diferentes de aquellos en los que se produjo la reducción. Por lo tanto, para quienes están en el mercado laboral, un saldo agregado positivo no elimina el riesgo individual. 

El software está en primera línea 

Pocos sectores ilustran este cambio con tanta claridad como el desarrollo de software. Los programadores están entre los profesionales que antes comenzaron a utilizar la IA generativa de forma intensiva. Hoy, los sistemas pueden sugerir código, producir pruebas, explicar fragmentos complejos, documentar aplicaciones, detectar errores, crear interfaces y ejecutar una cantidad creciente de tareas que antes ocupaban horas del trabajo de un desarrollador. Esto cambia inevitablemente el valor de determinadas competencias. 

Un profesional junior cuya contribución se limite a recibir una especificación sencilla y transformarla en código relativamente predecible se enfrenta ahora a una competencia que no existía hace pocos años. Parte de ese trabajo puede realizarse con gran rapidez mediante herramientas de IA, especialmente cuando implica conocimiento codificado, patrones conocidos y tareas repetitivas. Pero eso no significa que los programadores estén camino a la extinción. 

En julio de 2026, el Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos todavía proyectaba un crecimiento del 15,8 % en el número de desarrolladores de software entre 2024 y 2034, equivalente a más de 267 mil nuevos puestos. La misma proyección señala una fuerte expansión de áreas relacionadas, como Ciencia de Datos, Seguridad de la Información e Investigación en Computación. 

La paradoja es reveladora: la IA puede reducir la necesidad de determinadas tareas de programación al mismo tiempo que aumenta la demanda de profesionales capaces de construir un mundo cada vez más dependiente del software y de la IA. Lo que cambia es el nivel de exigencia. 

El desafío del profesional junior 

Durante décadas, muchas carreras se construyeron sobre una especie de escalera. El profesional comenzaba realizando tareas relativamente sencillas, aprendía de colegas con más experiencia, acumulaba contexto y, gradualmente, pasaba a asumir problemas más complejos. La IA puede eliminar precisamente algunos de los primeros peldaños de esa escalera. 

Andrew McAfee, investigador del MIT, llamó la atención sobre este riesgo al hablar de la automatización de los puestos de entrada. Si las empresas simplemente eliminan las actividades tradicionalmente utilizadas para formar nuevos talentos, podrían descubrir algunos años después que dejaron de preparar a los profesionales con más experiencia que necesitarán en el futuro. Es una preocupación particularmente importante en el software. ¿De dónde saldrá el desarrollador senior de mañana si las empresas dejan de contratar desarrolladores junior hoy? 

Una posible respuesta es que el propio significado de junior tendrá que cambiar. En lugar de pasar meses realizando únicamente tareas repetitivas antes de llegar a problemas más interesantes, los nuevos profesionales podrán utilizar la IA para acelerar esa etapa y empezar antes a trabajar con integración, análisis, arquitectura, calidad, seguridad, producto y comprensión del negocio. Esto aumenta el potencial de quien está comenzando. Al mismo tiempo, aumenta lo que se espera de él. 

Conocer un lenguaje de programación seguirá siendo importante, pero quizá deje de ser suficiente. Saber formular problemas, evaluar resultados producidos por IA, detectar cuándo una solución aparentemente correcta contiene fallos, comprender requisitos, debatir decisiones y aprender con rapidez tenderá a tener aún más peso. El profesional no necesita competir con la IA en aquello que esta hace mejor. Necesita desarrollar aquello que hace que su contribución sea más difícil de sustituir. 

Automatizarlo todo también puede ser un error 

Existe además otro lado de este debate: las empresas también pueden equivocarse al adoptar IA. La posibilidad técnica de automatizar una tarea no significa automáticamente que esa sea la mejor decisión de negocio. Los sistemas de IA cometen errores, requieren supervisión, dependen de la calidad de los datos y pueden introducir riesgos relacionados con la seguridad, la privacidad, la propiedad intelectual, el cumplimiento normativo y la calidad. 

Además, eliminar puestos únicamente porque determinadas actividades se han vuelto automatizables puede generar un ahorro de costos inmediato acompañado de un problema futuro de conocimiento y formación. La encuesta a CEOs citada anteriormente ofrece una señal interesante. Aunque muchas empresas están planificando estructuras más reducidas, más de la mitad de los ejecutivos entrevistados afirmaban que todavía era demasiado pronto para saber si las inversiones en IA estaban generando el retorno esperado, y solo el 27 % dijo que los resultados habían alcanzado o superado sus expectativas. 

Por lo tanto, la transformación no consiste simplemente en sustituir personas por algoritmos. Las empresas que obtengan mejores resultados probablemente serán aquellas capaces de descubrir dónde automatizar, dónde ampliar la capacidad humana y dónde preservar deliberadamente la participación de las personas. 

La IA puede eliminar empleos, pero también puede crear trabajos que todavía no imaginamos 

Negar que la IA eliminará puestos sería poco realista. Algunas funciones ya están bajo presión y otras probablemente se reducirán a medida que los modelos y los agentes se vuelvan más capaces. Pero afirmar que la consecuencia inevitable será un mundo sin empleos también ignora el otro lado de la transformación. 

Los desarrolladores de soluciones con IA, los ingenieros de datos, los especialistas en seguridad, los profesionales responsables de integrar agentes en los sistemas corporativos, los especialistas en gobernanza y muchas otras actividades están creciendo precisamente como consecuencia de esta tecnología. Y muchas de las funciones que existirán dentro de algunos años quizá todavía ni siquiera tengan una denominación consolidada. 

La historia de la tecnología demuestra que la innovación destruye actividades, crea otras y redefine muchas de las que permanecen. Lo diferente esta vez es la velocidad. Las empresas y los profesionales tendrán menos tiempo para reaccionar. 

El verdadero riesgo puede ser permanecer igual 

Para los trabajadores, el mensaje no debe ser de pánico, pero tampoco de conformismo. Cuanto más dependa una función exclusivamente de tareas predecibles, repetitivas y fáciles de describir, mayor tenderá a ser su exposición a la automatización. Cuanto más requiera contexto, criterio, creatividad aplicada, relaciones humanas, conocimiento del negocio y capacidad para utilizar la tecnología con el fin de resolver problemas, más difícil será reducir su valor a una simple ejecución. 

Para las empresas, el desafío es similar. Reducir personal puede parecer el camino más sencillo cuando aumenta la productividad, pero una transformación sostenible exige replantear procesos, funciones, formación de talento y la propia relación entre personas y máquinas. 

Después de 30 años acompañando profundos cambios en la industria tecnológica, Visionnaire entiende que la evolución del software siempre ha exigido adaptación. La Inteligencia Artificial eleva esta transformación a otro nivel, creando nuevas posibilidades para desarrollar sistemas, automatizar procesos y ampliar la productividad de los equipos. 

Más que preguntarse si la IA sustituirá a las personas, las empresas necesitan descubrir cómo utilizarla para construir mejores operaciones, productos más inteligentes y equipos capaces de ofrecer aquello que la tecnología por sí sola todavía no resuelve. El futuro del trabajo no estará definido únicamente por lo que la IA pueda hacer, sino por las decisiones que los profesionales y las organizaciones tomen con ella.